29 ago. 2011

Una tertulia en la biblioteca



Eran las dos en punto cuando el encargado de la sala infantil de lectura de la Biblioteca Municipal de... apagaba las luces y se marchaba a comer. Fue entonces el momento elegido por varios libros, que se encontraban colocados en los estantes, para comenzar a saltar sobre la mesa.

- Ya se ha ido –dijo el que se encontraba vigilando.- Vamos chicos tenemos dos horas para nosotros.

El resto de ellos siguieron las indicaciones de aquel, y comenzaron a abandonar sus respectivos lugares en las estanterías. El primero en llegar a la mesa era un libro bastante joven. Había ingresado en el club, como solían llamar ellos a la biblioteca, haría cosa de medio año. Era un libro de colores chillones, bien forrado y limpio, con sus relucientes hojas, y que se paseaba delante de los demás libros. De un salto se colocó en la mesa grande que había situada junto a la estantería. De ésta comenzaron a salir otros tantos libros. Uno era un libro grueso con las pastas de color marrón algo gastadas ya. Se veía que llevaba tiempo en la biblioteca. A su lado se había colocado un libro fino de color rosa destinado al público juvenil, y en especial a las chicas. Este se paseaba a lo largo de toda la mesa dejando que todos la contemplaran.

-  La habéis visto –señaló el libro marrón y gastado, que llevaba muchos años en la biblioteca, y había visto libros de todas las clases.- Piensa que pavoneándose de esa manera va a ser el libro del mes.
- No sabe lo que le espera –comentó el libro de color azul.- Pero, oye, mira quien viene por ahí –dijo señalando a un libro que se ayudaba de un par de muletas para caminar por la mesa.- Pero chico, ¿qué te ha pasado? Vaya pinta que tienes.
- Casi no puedo andar, y eso que he estado en la enfermería unos días –respondió el libro. Allí iban a parar los libros que se encontraban en peores condiciones, y que necesitaban ser reparados.
- Pero, ¿qué te ha pasado? – le preguntó el libro marrón.
- ¡Ah! –exclamó mientras dejaba las muletas sobre la mesa y se sentaba sobre ella.- Ha sido horrible, horrible chicos –dijo lamentándose.
 - Pero, cuenta hombre, cuenta. No ves que nos tienes sobre ascuas.
- El otro día me sacaron de la biblioteca. Yo que me las prometía muy felices, porque era la segunda vez en una semana que salía. Pero, ¡ay de mí!.
- ¿Tu estado se debe a tu última salida? –le preguntó el libro azul.
- Ya lo creo. El niño que me llevó consigo...bueno...para empezar os diré que en vez de colocarme en su estantería me dejó encima de la mesa del salón, de manera que me cayeron varias veces al suelo.
- Eso no es nada anormal. Yo también lo he padecido –dijo el libro marrón.
- Pero lo peor estaba por llegar. Me llevó a su cuarto y comenzó a pintarme de colores.
- ¡Ah! –exclamó un libro nuevo que se había sumado a la tertulia. Se trataba de un libro sobre un famoso detective y su amigo, y que también llevaba años en el club. Era un libro que había experimentado en sus hojas todo tipo de atrocidades.- Otra vez.

El libro marrón y el libro azul se volvieron para ver quien había hablado.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó el libro más joven, el de color azul.
- Varios libros han sido atacados por un niño, que se dedica a pintarlo. Tú eres su última víctima por lo que parece –dedujo el libro sobre el detective.
- No veáis como estoy. Dejadme que os lo muestre –dijo mientras se abrían las pastas, y pasaba las páginas para que vieran lo que habían hecho con él.
- ¡Cielo santo! –exclamaron tres libros a la vez.
- No me lo puedo creer –exclamó el libro más joven de todos, y que era el de color rosa. Este había dejado de pasearse por la mesa atraído  sin duda por la conversación que mantenían los otros tres libros.- ¿Un niño es capaz de hacer eso? ¡Qué horror!.
- Ya lo creo que pueden hacer eso y más –dijo el libro azul.- Cuéntale tú lo que te hicieron a ti –dijo señalando al libro marrón.
- En una ocasión llegaron hasta a arrancarme las hojas. Hube de permanecer en el hospital más de un mes.
 - Pero algo debe hacerse –propuso el libro de color rosa que comenzaba a sentir una especie de miedo.
- Los bibliotecarios llevan mucho tiempo intentando descubrir quién es el responsable, pero no han logrado averiguarlo. Son muchos los que vienen por aquí y nos cogen. Y por otra parte, nosotros no podemos decirles nada. Nosotros no hablamos con las personas.
- Pero me imagino que todos los niños no serán como éste –siguió diciendo el libro rosa cuyas páginas comenzaban a temblar.
- Claro que no –respondió el libro sobre plantas.- Hay niños que te cuidan y te tratan con mucha delicadeza.
- Yo recuerdo una vez que me llevaron lejos del club. En aquella ocasión se trató de dos hermanos. Ambos me cuidaron y me trataron muy bien. Me habían reservado un huevo en su propia estantería, y allí me colocaban todos los días. No me causaron el menor daño. Y cuando me hubieron leído me devolvieron al club intacto. Sin un rasguño en mis páginas –contó el libro azul que trataba sobre el detective.
- Pues yo en una ocasión estuve secuestrado durante dos meses –dijo un libro que trataba sobre un niño que era mago y se llamaba Potter.
- ¿Secuestrado? Cuenta, cuenta.
- Sí, veréis. Al niño se le pasó el plazo de entrega, y tuvieron que mandarle una carta para que me devolviera. Me tenía raptado en su casa, y no podía salir de allí.
- ¡Ah! Ese es otro problema –exclamó el libro marrón y gastado.
- ¿Cuál? –preguntó el libro rosa.
- Que se olviden de devolverte en el plazo fijado. Lo que nosotros los libros llamamos un secuestro. Una vez conocía a un libro que se marchó y no ha vuelto. Lleva desaparecido casi seis meses. Es un secuestro record.

De pronto surgió de la nada otro libro que se aproximaba con paso lento y cansino a los contertulios. Era un libro nuevo. Todo forrado para que las pastas no se doblasen. Era un libro de color gris, y que iba sobre fantasmas o algo así.  Al verlo, el libro más antiguo lo saludó.

- Hombre, ¿cómo tú por aquí?
- Ya veis. Dando una vuelta. Necesitaba estirar las pastas.
- ¿Qué te pasa? Tienes mala pasta.
- No ves el título: Historias de fantasmas. Es lógico que tenga este aspecto –le dijo el libro azul sobre el famoso detective.
- Sí, sí reíros, pero que triste es que nadie se acuerde de ti. ¿No creéis?
- Otro caso típico de olvido –dijo suspirando el libro sobre plantas.
- ¿Qué es eso? –preguntó el de color rosa.
- Que nadie sepa que existes, pequeña. Que los niños y las niñas pasen delante de ti, y no se fijen en que estás ahí. Es muy triste.
- Anímate hombre –le dijo el libro marrón.- Ya verás como pronto te llega la oportunidad de salir de aquí.
- No lo sé. Creo que debí quedarme en la tienda. Tal vez alguien hubiese mostrado más interés por mí –dijo bostezando. La portada se abrió y todos pudieron ver las telarañas que pendían de las esquinas.- Hasta las arañas me han invadido, y como no me muevo me estoy poniendo gordo.
Los libros se echaron al reír por aquel comentario.
- La verdad es que lo que me contáis me da cierto miedo –dijo el libro rosa.
- No te preocupes querida. Esto es la vida diaria de un libro. Maltratos, secuestros, desapariciones, o que no sepan que existes. Pero también tiene su lado bueno. Ya has escuchado al libro azul; a él lo trataron muy bien.
- Sí...pero...no sé.
- Verás cómo es muy fácil mujer. Tú sólo tienes que estar ahí con tu mejor pasta atrayendo a los lectores.
- La verdad es que no se dan cuenta de que lo libros somos imprescindibles en sus vidas. Les hacemos pasar ratos divertidos. Los transportamos con la imaginación a lugares lejanos, exóticos donde viven mil y una aventuras.
- Despertamos su imaginación –intervino el libro marrón.- Y les hacemos aprender infinidad de cosas.
- Sí, pero los niños de hoy leen muy poco –dijo en tono pesimista el libro de Historias de fantasmas.
- Eso lo dices porque no les gustan tus historias –le rebatió el libro sobre el detective.- Tenemos que acercarnos más a ellos. Cambiar nuestras tácticas.
- Sí, pero ¿qué haces si te encuentras con un niño que te maltrata? –preguntó el libro rosa.
- Buena pregunta, pequeña. Bien, para ello se han creado unas clases de autodefensa –respondió el libro marrón.
- ¿Qué es eso? –preguntaron a coro los demás.
- Tengo un libro amigo mío que ha venido del lejano Oriente- respondió orgulloso el libro marrón.- El libro se llama Kárate, y le he pedido que nos eche una hoja en este asunto. Esta tarde a última hora comenzaremos las clases. A ver, ¿quién se apunta?.
Los libros comenzaron a abrir sus pastas y a decir en alto ¡Yo!. Con tanto alboroto no se dieron cuenta que las dos horas de tertulia que tenían todos los días habían llegado a su fin. En ese momento se escucharon las voces de los bibliotecarios  que volvían a su trabajo. El libro azul fue el primero en percatarse de ello y dio la voz de alarma.

- ¡Atención, ya vuelven. Retirada, retirada. Todos a sus puesto!.

Los libros volvieron a las estanterías ocupando cada uno de ellos su lugar. Cuando la bibliotecaria abrió la puerta un libro permanecía aún sobre la mesa: el libro malherido. Todos abrieron las pastas expectantes por ver qué ocurría. La chica de la sala infantil se acercó hasta la mesa, tomó el libro en sus manos y se dispuso a colocarlo en su sitio.

- Vaya, alguien olvidó colocarte en tu sitio –dijo como si hablara con él.

Una vez de vuelta a la estantería el resto de libros respiraron aliviados por ello.

- Chicos, nos vemos a las ocho en la clase de autodefensa –les informó el libro marrón mientras sobresalía un poquito de su sitio, para regresar de nuevo a él.
Pocos minutos después varios niños entraban en la sala infantil en busca de emociones, aventuras, viajes a lugares que sólo existen en la imaginación, y todos los libros se pusieron sus mejores galas para ser ellos los elegidos.

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