13 feb. 2013

Provócame con tu sonrisa (Un pequeño adelanto)

 Os dejo un adelanto de Provócame con tu sonrisa. Espero que os guste.


Prólogo
Se encontraba frente a la puerta del despacho del profesor Hernández mientras trataba de asimilar como exponerle la cuestión. Eran las nueve de la mañana de un viernes  caluroso de comienzos de Julio, y en los pasillos del Departamento de Filología inglesa, apenas si había estudiantes. Miró su reloj una vez más como si quisiera asegurarse que había  entendido bien la hora de la reunión, ya que pasaban ya diez minutos de la hora acordada por ambos. Así que cruzó sus dedos deseando que al profesor Hernández no se le hubiera olvidado. La verdad, estar un viernes a primera hora allí de pie frente al despacho esperando… La noche había sido larga pese a saber que debía madrugar al día siguiente. Pero como renunciar a una fiesta en un local de moda un jueves por la noche. En ese momento escuchó pasos acercándose. Giró su rostro para encontrarse con el profesor Hernández, quien se dirigía hacia él.

       -Hombre, ¿qué tal? ¿Cómo va eso? –fue lo primero que le dijo mientras le palmeaba la espalda con cordialidad.

       -Bien –fue lo único que salió de su boca. La verdad es que el profesor Hernández era todo un tipo. No era el típico profesor estirado que suele mirarte por encima del hombro. Era todo lo contrario. Afable, cercano y siempre dispuesto a echarte una mano.

       Abrió la puerta de su despacho indicándole que pasara  y se sentara.

       -Disculpa el desorden –le dijo mientras colocaba los libros, portafolios y exámenes, que tenía apilados sobre ésta. Una vez que estuvo acomodado lo miró fijamente a través de sus gafas al tiempo que entrelazaba sus manos.- He leído tu propuesta de tesis, y me parece bastante acertada. Lo cierto es que sobre Scott se ha investigado mucho, y se ha publicado demasiado. Pero tal vez no en el campo de la Historia de Escocia. Por eso te digo que me parece acertado. Dime una cosa, ¿cuántas obras pretendes analizar?

       -Me alegra saberlo –dijo esbozando una tímida sonrisa y sintiéndose un poco mejor en su interior.- Había considerado aquellas que abarcan los períodos más relevantes. Las de las rebeliones Jacobitas. Entre cinco o seis obras.

       -Me parece acertado. No queremos hacer un compendio histórico con todas sus obras. Elige bien aquellas que quieres estudiar –le dijo mirándolo seriamente. Luego se quedó pensativo hasta que volvió a dirigirse a él.- Dime, ¿has estado en Escocia alguna vez?

       -No.

       -Pues lo mejor que puedes hacer es marcharte allí una temporada –fue lo primero que le aconsejó mientras Javier ya se hacía sus cábalas sobre el viaje, el  dinero, o el alojamiento.- Te lo digo porque es donde mejor puedes informarte sobre Walter Scott y la Historia de Escocia en sus novelas. Date una vuelta por el campus, habla con profesores, infórmate sobre el club de Scott en Edimburgo. Es mi consejo.

       -Es bueno saberlo.

       - Con lo que planteas necesitarás dedicarle mucho tiempo a buscar información y a contrastarla. Y aquí en España lo poco que encuentres estará traducido. Lo mejor en este caso es ir a la fuente. Por eso te remito a Edimburgo. Y una vez que tengas un borrador de la tesis puedes enviármelo para que vaya echándole un vistazo.

       Javier se quedó callado. Incapaz de decir nada, ya que la propuesta de viajar a Edimburgo no entraba en principio en sus planes.  Era cierto que le atraía Escocia y que tal vez eso fuera lo que le había impulsado a decantarse por Walter Scott y su obra. Pero no se había parado a pensar que finalmente tuviera que hacer ese viaje.

       Se despidió del profesor hasta nuevo aviso y comenzó a trazar las líneas generales de su traslado a Edimburgo. No tenía una beca de investigación. Ni conocía allí a nadie. De manera que era una auténtica aventura. Pero por otra parte podría ser de lo más emocionante. Cuando lo contara en casa no se lo creerían. Pero estaba decidido a marcharse y a buscarse la vida en el país del tartán, del kilt, las gaitas, las Highlands y el lago Ness. Sólo el destino sabía que le deparaba.

1

Edimburgo.

Dos meses después.

La hora de más jaleo en la taberna se acercaba. Eran casi las siete de la tarde, cuando todo el mundo en Edimburgo había abandonado las oficinas, y se disponía a disfrutar de una pinta de buena cerveza escocesa. Como cada tarde Javier acababa de llegar para situarse detrás de la barra hasta bien entrada la noche.

       -¿Qué tal has pasado la mañana? –le preguntó su compañero Ian nada más verlo.

       -Como todas, amigo. Entre libros de Historia, manuales sobre la obra de Scott, artículos, notas… Puedes hacerte una idea –le respondió encogiéndose de hombros.- Espero poderme distraer un poco esta noche. Será algo movidita ¿no?

       -Seguro que lo está. Es viernes, y ya sabes… Son muchos los que mañana no trabajan y esta noche salen a divertirse.

       -Pues en ese caso nos prepararemos para pasarlo bien.

       Javier se dirigió al cuarto donde se cambiaba. Se ponía una camiseta de manga corta en color verde con el logo y el nombre de la taberna: The Kilt en un claro homenaje a la falda que usaban los escoceses. Llevaba poco más de dos meses en Edimburgo y ya había conseguido un empleo a media jornada en una taberna de la parte antigua de la ciudad, la Old Town.  Lo compaginaba con sus horas de investigación para su tesis. Con lo que ganaba podía pagarse una habitación en una residencia de estudiantes cerca del campus. Además, le caía muy cerca de la biblioteca, donde pasaba la mayor parte de la mañana. Su tesis avanzaba despacio. Tal vez incluso más de lo que él esperaba. Confiaba en tener una especie de borrador para las Navidades. Pero si era sincero… no creía que llegara.

       Regresó a la barra mientras se ataba el mandil de color blanco y la puerta se abría comenzando a dejar pasar a los primeros clientes. Un grupo de cuatro chicas, que se sentaron en una mesa. A continuación un grupo de chicos que se quedaron en la barra.

       -¿Cuál prefieres? –le preguntó Ian mirando a Javier en clara alusión a los dos grupos que acababan de entrar.

       -Déjale las chicas –sugirió Roy, un típico escocés pelirrojo apareciendo por detrás de Javier. – Son muy guapas y parecen con ganas de divertirse. A ver si se echa una amiga que no sea una reina de Escocia, o una jacobita declarada –le dijo en clara alusión  a los personajes históricos femeninos de su país.

       -En ese caso…-le dijo alzando las manos en alto y señalando con ambas la mesa de las chicas.

       Javier sonrió burlón mientras sus dos compañeros de trabajo se reían al verlo avanzar hacia la mesa.

       -Creo que te has pasado –le dijo Ian.

       -No, nada más lejos de la realidad. Míralo, lleva casi dos meses en Edimburgo y sólo piensa en su tesis. Debería divertirse algo más, ¿no crees? –le preguntó guiñándole un ojo y haciendo un gesto hacia las chicas.

       -¿Y tú crees que sirviendo a ese grupo lo conseguirá? –le preguntó escéptico Ian.

       -No lo sé. Dependerá de la fortuna –le respondió encogiéndose de hombros.

       Javier se acercó con paso algo dubitativo hacia la mesa de las chicas. Al verlo aparecer todas le prestaron su atención, lo cual pareció cortarlo un poco. Para no parecerlo extrajo su bloc del bolsillo trasero de su pantalón dispuesto a tomarles nota, mientras escuchaba sus risas.

       -A ver chicas comportaros un poco. Tenemos al pobre muchacho aquí esperando –dijo la que tenía el pelo castaño, y que ahora lo miraba intrigada.

       -Creo que deberíamos empezar pidiendo cuatro pintas de cerveza, ¿no? –sugirió otra de las chicas. Una con la tez blanca y los ojos oscuros como la noche.

       -¿Empezar? ¿Habéis escuchado a Fiona? Dice para empezar –comentó la chica de pelo cobrizo y cortos con las puntas hacia fuera otorgándole un aspecto claramente desenfadado, y fingiendo estar escandalizada mientras miraba al resto del grupo.

       -Vamos, Eileen, es viernes. Mañana no trabajamos.

       -Lo siento pero yo mañana he de ir a la facultad –les recordó de manera seria.

-Bueno, pero imagino que no madrugarás, ¿no? Además, no pasa nada si bebemos un poco. Lo más que nos puede suceder es que acabemos durmiendo cada una en nuestra propia cama –resumió la mencionada Fiona con cara de disgusto.

       Javier permanecía expectante escuchando la conversación de las cuatro chicas, quienes por otra parte no parecían ponerse de acuerdo a la hora de pedir.

       -Si queréis… puedo volver en…- dijo haciendo ademán de marcharse hasta que sintió la mano de una de ella reteniéndolo.

       -No, no hace falta que marches –le dijo regalándole una sonrisa divertida mientras las otras tres la miraban con toda intención. En ese instante, tenía al camarero agarrado por la muñeca impidiéndole moverse de su lado.

       Javier sonreía sin saber exactamente qué hacer. Lanzó una mirada por encima de su hombro hacia la barra donde Ian y Roy se partían de risa al verlo allí prisionero de cuatro atractivas mujeres. Su mirada recorría sus rostros hasta que sintió un par de ojos claros fijos en él. La dueña sonrió de forma tímida mientras su rostro enrojecía, y disimulaba dándole a entender que la había pillado mirándolo como una cría. Javier sonrió a su vez y volvió a centrarse en las deliberaciones del grupo.  

       -Chicas decidiros de una vez y no lo hagáis esperar más –insistió Fiona pasando su mirada de sus amigas hasta Javier con un gesto que le intentaba hacer ver lo cansinas que eran.

       -No, tranquilas. Podéis tomaros vuestro tiempo.

       -Venga trae cuatro pintas de Velvet –le dijo finalmente Fiona, quien ahora lo sujetaba por la muñeca y cuya mirada iba y venia de él a sus amigas.

       -Perfecto. Gracias.

       -A ti –le dijo con un toque no exento de curiosidad al verlo marcharse. Se quedó mirándolo fijamente con total descaro mientras sus amigas reían.

       -Eh, Catriona, qué estamos aquí –le dijo Fiona agitando sus manos delante de sus propias narices.

       -Ya lo sé. Hemos venido juntas –le dijo con toda naturalidad mientras la miraba con sorpresa.

       -Lo digo por tu interés en el chico.

       -La verdad es que es mono. ¿Tú que dices Eileen? No le has quitado ojo.

       -No está mal –respondió mientras pensaba en como sus miradas se habían cruzado de manera casual. Mentira, lo has estado mirando detenidamente mientras estaba allí de pie aguardando a que os decidierais. No te había venido nada mal esa espera.

       -¡¿Cómo que no le has quitado ojo?! –preguntó Moira mientras fingía estar escandalizada por el comportamiento de su amiga.

       -Vamos, vamos sólo lo estaba mirando ahí de pie. El pobre estaba esperando pacientemente a que nos decidiéramos ¿no? No tengo poderes para ver a través de su cuerpo.

       -Chicas, chicas ahí vuelve. Comportaros –apuntó Fiona al verlo regresar con las cuatro pintas sobre una bandeja.

       Eileen trató de no centrar su atención en él, pero le parecía algo complicado. La camiseta le marcaba cada uno de sus músculos cada vez que se movía. Desvió por un instante la mirada presa de un ataque de risa, bajo la atenta mirada de Fiona. Javier dejó las pintas sobre la mesa tratando de no percatarse de las risitas de las chicas. Por segunda vez sus miradas se cruzaron, y ahora Javier sonrió divertido por esta coincidencia.

       -Doce libras

       Las chicas hicieron acto de sacar el dinero de sus bolsos, pero Eileen las detuvo.

       -Quietas, quietas. Esta ronda la pago yo –dijo con total seguridad mientras le entregaba un billete de veinte libras a Javier. No apartó su mirada de la de él en todo momento. Como si quisiera comprobar que no era fruto de su imaginación, el hecho de que él también lo hubiera hecho. Javier sintió los dedos de ella rozar los suyos propios mientras le entregaba el dinero. Un leve roce. Una furtiva caricia que provocó que él  volviera su atención a ella.

       -Disculpa. No he cogido cambio. Vuelvo en un momento.

Cuando se hubo marchado todas se quedaron mirando fijamente a su amiga, quien por su parte no apartaba su mirada de Javier y una sonrisa de felicidad se dibujaba en su rostro.

       -Venga Eileen, se te nota un montón que el chico te gusta  –le dijo Catriona captando su atención.

       -¿Otra vez? Pero mira que sois cansinas –les dijo con un toque de fastidio en su voz al tiempo que ponía sus ojos en blanco.- Anda vamos a brindar.

       -Debería echarte las cartas –sugirió Moira.

       -¿Lo dices en serio? –le preguntó una incrédula Eileen, mientras la miraba perpleja por lo que acababa de decirle.

       -Sólo por ver si ese chico, del que no sabemos su nombre, se cruzará en tu destino –puntualizó mirando a su amiga de manera sería.

       -Eso lo arreglamos en cuanto vuelva –dijo Catriona con malicia en su voz y su mirada.

       -¿No se te ocurrirá? –le preguntó Eileen temiendo a su amiga.

       -¿Qué hay de malo en saber como se llama? Además, no parece ser de aquí. ¿Os habéis fijado en sus cabellos negros y sus ojos grises? –les preguntó mientras entrecerraba los suyos y pensaba en la procedencia de él.

       -Debe ser del sur de Europa –señaló Moira.

       -Venga, adelante. Emplea tus poderes brujeriles –bromeó Fiona mientras movía sus dedos frente a ella como si estuviera ejecutando un hechizo.

       Durante unos segundos el silencio se adueñó de la mesa, y ninguna de las cuatro chicas abrió la boca para decir nada.

       -Anda vamos a brindar –dijo finalmente Fiona cogiendo su pinta en la mano para alzarla.

       -Sí, venga.

       -Vamos allá.

       -Para que esta noche sea irrepetible –propuso Catriona.

       Javier las observaba levantar en alto sus vasos y brindar camino de la mesa. Sonrió una vez más mientras se acercaba a ellas para  entregarle el cambio a Eileen. Esta vez no lo miró de manera directa, ya que intuía que sus tres amigas se centrarían en ella. No quería pasar un mal trago. ¡Por favor! ¡Qué vergüenza! ¿Qué pensaría  de ella?

       Javier iba a marcharse cuando sintió como la mano de Fiona volvía a retenerlo.

       -Perdona que te haga una pregunta – le dijo captando toda su atención.- ¿Tú no eres de aquí verdad? Me refiero a que no eres escocés –le aclaró mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.

       -No, claro –respondió con una arrebatadora sonrisa que cautivó a Eileen una vez más. ¡Por San Andrés, que le gustaba verlo sonreír de aquella manera! Pero ¿qué estaba haciendo? ¿Estaba fijándose en él? ¿Acaso estaba interesada en conocerlo? ¿Qué esperaba? Bueno estaba libre, así que podía hacer lo que le apeteciera en esos momentos. Como si quería ligar con un camarero extranjero.

       -¿Y de dónde eres? –le preguntó Moira captando su atención.

       -Soy de España.

       -¡España! -exclamó Catriona entusiasmada.

       -¿Y qué haces trabajando en una taberna en Edimburgo? No, no me lo digas. Espera –le pidió Moira mientras lo miraba fijamente escrutando su rostro.- Has venido para mejorar tu inglés.

       -Sí, en parte –corroboró Javier mientras entornaba la mirada hacia la muchacha.

       -Eso no vale –dijo Catriona interrumpiendo.- Todo aquel que viaja a un país es para aprender su idioma, su cultura. No le hagas caso. Piensa que es medio bruja.

       Javier sonrió por los comentarios de las chicas. Lo cierto es que la noche había comenzado de manera divertida. Escuchó que lo llamaban a su espalda y se volvió. 

       -Me gustaría seguir charlando con vosotras, pero debo seguir atendiendo las mesas –les dijo disculpándose mientras su mirada percibía el brillo de unos ojos llenos de curiosidad hacia su persona. Sonrió por unos segundos con toda intención. Eileen se ruborizó mientras correspondía a su sonrisa. 

       -Claro, lo entendemos. Eileen te buscará si necesitamos otra ronda –propuso Fiona mientras la señalaba y ésta casi se atraganta con la cerveza. Pero, dinos ¿cómo te llamas?

       -Javier –respondió con una sonrisa franca al tiempo que sacudía la cabeza sin entender muy bien el juego que se traían entre las cuatro. Se alejó para seguir sirviendo a las demás mesas dejando al grupo hablando y riendo.

       -¿Puedes aclararme por qué le has dicho mi nombre? –le preguntó a Fiona mientras lanzaba fugaces miradas a Javier al tiempo que éste desaparecía al fondo de la taberna.

       -Porque así ya sabe como te llamas, y no tiene que preguntártelo.

       -No entiendo por qué puede interesarle como me llamo –le espetó algo furiosa por lo que estaba pasando. ¿O era por algo que ellas habían percibido, y que no quería reconocer?

       Moira y Catriona rieron mientras alzaban sus pintas para brindar de nuevo.

       -Te aseguro que te ha estado mirando con inusitado interés –apuntó Fiona con la pinta de cerveza en la mano y señalándola con un dedo.

       -Presiento que una de nosotras volverá acompañada a casa –dijo Moira con voz solemne mientras miraba a Eileen.

       -Pero, ¿de qué…?

       -Vamos hemos visto el juego de miradas que teníais. No irás a decirnos que no te gusta el chico. Y a juzgar por como te miraba él…

       -Yo diría que parecía estar interesado en ti –dijo Catriona bajando la voz.

       -Sois incorregibles –les dijo Eileen simulando estar cabreada con ellas. Cogió su cerveza y le dio un trago largo que calmara su estado de nervios, mientras los comentarios de sus tres amigas revoloteaban en su mente.

-Oye, ¿qué tal con las chicas de la mesa de allí? Parecía que no querían soltarte –le comentó Ian esbozando una sonrisa llena de complicidad mientras le colocaba dos pintas más en su bandeja. Aguardó unos segundos a que Javier le contara algo.

       -Quería saber como me llamaba, ya que no tengo la típica imagen del escocés. Sólo eso.

       -¿Cuál de las cuatro?

       -La morena de ojos oscuros. Voy a servir esto.

       Se volvió hacia otra mesa en la que dejó las pintas. Trató de apartar de su mente a… ¿cómo había dicho su amiga que se llamaba? Se preguntó haciendo esfuerzos por recordarle.

       -Eileen –murmuró casi sin darse cuenta. Como si estuviera pensando en voz alta.

Le parecía extraño pero cada vez que podía levantaba la mirada en su dirección. Incluso cuando la taberna comenzó a estar llena de gente.  La buscaba de manera inconsciente. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, sonrió sacudiendo su cabeza, alejando la estúpida idea de liarse con ella. Eso era más propio de Ian. No, nada de líos. ¡Estaba en Edimburgo para realizar su tesis! No para ligues, ni relaciones esporádicas que no podían llevar a buen puerto. Pero el hecho de querer saber si ella lo estaba mirando era más fuerte que sus intenciones por olvidarla.

Las cuatro amigas pronto se vieron rodeadas por compañía masculina. Lo cierto es que llamaban la atención verlas allí sentadas a las cuatro. Y más de uno de los que entraba en la taberna no podía evitar mirarlas.

       -Deberíamos pedirle a Javier otra ronda. Pero no logro verlo –dijo Fiona levantándose de su silla.- Allí. Ya lo vi. Venga Eileen. Te toca.

       Se quedó clavada en su silla mientras escuchaba a Fiona. ¿Quería que fuera en busca de Javier para pedirle otra ronda? No era eso en verdad lo que andaba buscando. No, señor. Fiona quería que fuera a verlo, a charlar con él. Eso era lo que quería. En cierto modo se había medio olvidado de él. Aunque la curiosidad le picaba. Quería ver la expresión de su rostro si volvía a verla. ¿La miraría como las otras veces? Un incesante hormigueo comenzó a ascender desde las plantas de sus pies. Sintió las palmas de sus manos húmedas.

       -¿Qué pasa? –preguntó Catriona mirándola fijamente.- Si te da apuro voy yo y…

       -No, no. Ahora mismo voy –dijo incorporándose de su silla con determinación. Pero al mismo tiempo que lo hacía sentía un leve temblor de piernas, y como la mesa parecía moverse.

       -Eh, ten cuidado. No sabía que Javier te pusiera tan nerviosa –le dijo Fiona guiñándole un ojo.

       Eileen se limitó a sonreír pero sin decir ni una sola palabra. Caminó entre los clientes tratando de apartar a unos y a otros.

       -Perdón. Disculpa. Ups, lo siento.

La taberna estaba en su momento de mayor apogeo. Pero sabía que duraría poco. La gente no solía retirarse muy tarde.  Sentía como si estuviera impaciente por encontrarlo. Tuvo que alzarse de puntillas y por fin lo vio al fondo de la barra recogiendo dos pintas para servir. Estaba cerca de él cuando le apreció que alguien la empujaba sin querer hacia él.

       Javier se volvió en el momento en que alguien se precipitaba sobre él derramando parte de la cerveza sobre su camiseta, empapándola y corriendo a velocidad vertiginosa hacia sus pantalones. No la había visto llegar. Bueno sería mejor decir embestirlo. Alguien se había echado literalmente encima de él. Dejó la bandeja con el resto de ambas pintas sobre la barra, y se apresuró a ayudar a aquella persona. Escuchó una protesta  por su parte y después un “lo siento”.

       -¿Te encuentras bien? ¿Te has hecho daño? –le preguntó esperando escucharla decir que todo estaba bien.

Pero no obtuvo respuesta alguna. Tan sólo un leve gruñido de protesta. Javier fijó entonces su mirada en aquel amasijo de cabellos cobrizos algo revueltos. Sintió unos brazos que se aferraban a él como si se tratara de una tabla de salvación. De repente una mirada cristalina con mezcla de sorpresa. Y por último unos labios seductores entreabiertos tentándolo e intentando dibujar una sonrisa en éstos.

       Javier no podía dar crédito a quien pertenecían aquellos brazos, que ahora lo rodeaban.  Aquel cuerpo tan femenino que sostenía entre los suyos.  Sólo podía creer en como los latidos de su corazón se aceleraban con cada segundo que ella lo miraba de aquella manera.

2 comentarios:

  1. ¡Hola, Kike!

    Me ha gustado muchísimo lo que he leído, me ha sabido a poco, te felicito, creo que es súper interesante y que este es obviamente, solo el inicio de todo lo que se viene.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Hola Aglaia, gracias por tus palabras y me alegro que te haya gustado. Si quieres saber más de la novela estáte atenta al día de hoy.

    Un beso

    ResponderEliminar