27 jul. 2012

Algo inesperado

Mi último relato antes de dejar por un tiempo el blog para centrarme en mi siguiente novela romántica. Ciao y a disfrutar del verano. Publicado en la revista La cuna de Eros,  vol. 3



-Oye Max, ¿estás preparado? –le preguntó la mujer con el cabello corto castaño y ojos color miel a éste, mientras lo miraba por encima de la montura de color rojo de sus gafas. Parecía inquieta por saber cómo se comportaría Max antes, durante y después del evento literario preparado para la ocasión. Y eso que no era la primera vez que presentaba una de sus obras. Pero habían transcurrido más de dos años desde la primera, que por cierto había arrojado unos números en venta de ejemplares nada desdeñables. Más de lo que ella en un principio creyó que pudiera alcanzar.
Max levantó la mirada de los papeles, que tenía en sus manos, y a los que en esos momentos se encontraba echando un vistazo. Sus ojos oscuros se posaron en ella detenidamente al tiempo que le dedicaba una sonrisa burlona, y hasta cierto punto podría decirse que sexy. No creía que se lo estuviera preguntando en serio.
-A ver si te he entendido Sandra –le dijo empleando un tono de voz ronco, que casi se acercaba al susurro mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho, se inclinaba sobre su editora y permitía que ella se impregnara del aroma de su nueva fragancia. Entornó su mirada hacia ella como si en verdad no creyera lo que le estaba diciendo. Sandra dibujó un mohín de desacuerdo con sus carnosos labios rojos al tiempo que abría sus ojos, expectante por lo que Max pudiera decirle. Sandra editora del sello romántico Tenderness era una mujer joven con las ideas muy claras en el mundo editorial y tanto el comentario como el gesto de Max la desconcertaron. O tal vez se trataba del aroma que desprendía Max y que ahora la envolvía. Pese a ello su atención permanecía impasible sobre lo que verdaderamente importaba ahora.- ¿No me estarás preguntando si tal vez estoy nervioso, verdad? –le preguntó con un toque irónico.- Porque no es la primera vez que me enfrento a esto.

-Ya sé que no es la primera vez que presentamos una de tus novelas –le respondió con algo de mal humor en su voz, como si le molestara que él pudiera pensar eso.

-Pero…

-Te lo preguntó porque te llevo observando un rato y me parece que estás… ¿ausente? –le comentó encontrando la palabra adecuada para describir su estado emocional en esos momentos.- Como si tuvieras la mente en otra parte, no sé –le explicó mirándolo fijamente mientras entrecerraba sus ojos y escrutaba su rostro.- ¿Has estado de juerga toda la noche? –le preguntó a continuación mientras sus cejas formaban un arco y se fundían con algunos mechones que caían sobre su frente. Su rostro risueño reflejaba ahora cierto recelo por este hecho.
Max la miró con cara de sorpresa, o tal vez como si se sintiera ofendido por aquel comentario. “¿Me tomas el pelo? Pareció expresar con sus gestos. ¿Yo? ¿Yo de juerga hasta altas horas de la madrugada?”

-Te conozco, y sé cuales son tus gustos. Eres bueno escribiendo, nunca lo he puesto en duda y eso te permite seguir con nosotros pese a tus últimas correrías –le recordó bajando la voz mientras apretaba uno de los ejemplares de su nueva novela contra el pecho de él para que lo cogiera. Su mirada se quedó fija en la de Max al tiempo que le regalaba una sonrisa que dejaba clara su postura en todo aquello-. De hecho te hemos esperado durante tu larga ausencia. No lo olvides.

-¿Correrías? Sabes tan bien como yo que últimamente no he estado especialmente inspirado –comenzó justificando su ausencia del mercado editorial los últimos años.

-No te lo discuto, pero no esperes que la próxima vez te recibamos con los brazos abiertos. No esperaré a que me dediques un poco de tu tiempo. Te abrimos las puertas y…

- Y te lo agradezco. Es más creo que te lo sigo agradeciendo ¿no? –le dijo esbozando una sonrisa de complicidad con Sandra, quien no sólo no negó sus palabras, sino que sintió el rubor en sus mejillas por ese comentario.- Además reconoce que soy bueno y que gracias a mis ventas…

-No eres el único que factura grandes cantidades de dinero aquí –le cortó rápidamente Sandra con una mirada y un tono que dejaron clara cual era la postura de la editorial al mismo tiempo que paralizaban a Max.

-Deberías relajarte –le aconsejó mientras jugueteaba con el ejemplar, que ella le había entregado de aquella manera tan poco… decorosa.- ¿Quieres que te lo dedique? –le preguntó alzando el libro en alto mientras sonreía como un cínico.

La mirada de Sandra fue suficiente para que entendiera cual era su respuesta. Max no dijo nada más al tiempo que levantaba sus manos como si pidiera una tregua, o en verdad se estuviera rindiendo.

-Vale, vale. Mensaje captado –le dijo bajando las manos.

-Vamos. Es la hora –le dijo indicándole el camino a seguir hacia el salón en el que se había dispuesto una mesa y varias sillas en las que se sentarían para departir sobre su nueva novela. En todo momento Max siguió a su editora hasta llegar a su sitio, sentarse y permanecer en silencio hasta que le tocara hablar.

El anuncio de la presentación y salida al mercado editorial de la nueva novela de Max Delacroix, seudónimo con el que era conocido, había congregado a varias decenas de personas ávidas por verlo de cerca, por tener un ejemplar firmado, y porqué no, por hacerse algunas fotografías con él. Max escuchó atentamente el discurso de Sandra presentando la novela, la preguntas de algunos curiosos, o las risas y comentarios acerca de ésta. Su mirada recorría los rostros de las personas que se habían dado cita aquel día, y en aquel lugar para recibir su ejemplar firmado. Por un instante sus ojos se detuvieron más de lo normal en un sector del público. Alguien había captado su atención y sin saber como ni porqué sintió un extraño pálpito cuando entrecerró sus ojos para centrarse y mirar detenidamente aquel rostro. Pero justo entonces Sandra le dio paso para que contara a todos los presentes por qué había estado apartado tanto tiempo sin publicar nada, y ahora regresaba. Max sonrió agradecido e intentó en todo momento volver a localizar aquella mirada que destacaba claramente del resto. Sus palabras parecían salir por su boca de una manera atropellada, y en ocasiones como si le faltara coherencia. Sandra lo contempló durante unos breves instantes tratando de recordarle que debía comportarse. Max se permitió la licencia de llenar su mente con recuerdos de días pasados en los que aparecía junto a otra persona. Sonrió ante este hecho mientras intentaba coordinar sus pensamientos y sus palabras. No era el lugar ni el momento para rememorar situaciones vividas, sino para hablar de su nueva novela. Para hablar del presente. Claro que su retiro momentáneo del panorama literario, por el cual alguien le preguntaba en esos momentos, tenía mucho que ver con esos pensamientos, que inundaban su mente. Max capeó lo mejor que pudo las preguntas de la prensa y de algún que otro curioso e incluso se permitió hacer alguna broma con esos comentarios.

Sandra respiró aliviada cuando por fin se dio por concluida la presentación. Miró de soslayo a Max intentando averiguar que diablos le pasaba por la cabeza. Éste le devolvió la mirada, pero ahora no parecía ausente como al principio, sino más bien, cargada de preocupación. Ni siquiera le sonrió, o le gastó una de sus bromas habituales, sino que permaneció en silencio en su sitio aguardando el turno de firma de ejemplares.

-¿Hay algo que debería saber? –le preguntó Sandra mirándolo fijamente a través de los cristales de sus gafas.

Max sacudió la cabeza en sentido negativo restando importancia a sus pensamientos y al hecho de que los fantasmas del pasado pudieran haber regresado. ¿Aún seguía pensando en ello?

-Tengo todo bajo control –le dijo esbozando una de sus sonrisas seductoras al tiempo que le guiñaba un ojo.- Estás preciosa por cierto

Sandra lo miró desconcertada por aquel cumplido, y sintió que su rostro reflejaba con claridad la subida de temperatura repentina, que estaba experimentando su cuerpo. Puso sus ojos en blanco mientras le tendía un bolígrafo a Max para que firmara los ejemplares.

-Procura centrarte en lo que haces. Ya hablaremos después –le dijo con un toque de humor en su voz al tiempo que sentía su mirada fija en ella con cada paso que daba alejándose de él.
Max sacudió la cabeza tratando ahora de centrarse por unos minutos en su trabajo, y alejar de su mente una descabellada idea de lo que le gustaría hacer. Sonrió de manera cínica mientras veía a Sandra alejarse caminando sobre sus zapatos rojos de tacón, delimitando con perfección cada uno de sus pasos al caminar. Sí, definitivamente Sandra sabía contonear sus caderas al andar como ninguna mujer que él conociera. Su falda estrecha de color oscuro y su camisa en color rojo a juego con la montura de sus gafas… mmm ahora que lo pensaba, nunca la había visto mal conjuntada, ni siquiera uno de sus cabellos estaba fuera de sitio. Cambió de pensamiento en el preciso instante que la primera seguidora de sus novelas le entregaba su ejemplar para que se lo dedicara. Max sonrió complacido y procedió a firmarla.

Llevaba casi una hora firmando ejemplares y apenas si le dejaban tiempo para levantar su vista de la novela, y comprobar el número de personas que aún hacían cola. Bueno, Sandra no podrá quejarse ante él por las ventas a juzgar por el tiempo que llevaba firmando. Levantó su mirada de la novela para entregársela a la seguidora con quien se hizo una fotografía antes de retirarse. Max sonreía a todo el mundo agradeciendo su presencia. Sandra mientras tanto controlaba el desarrollo del acto y parecía satisfecha por el volumen de libros que se estaban vendiendo. Sí, no le cabía duda que Max era una máquina de hacer dinero con sus novelas. Eso y el atractivo que poseía. Sonrió cuando la pregunta se deslizó de manera sutil por su mente, ¿qué veían las lectoras en Max? ¿Por qué compraban sus novelas, por las historias de amor que narraba, o porque él era considerado como uno de los escritores más sexis del panorama literario actual, sino el más sexy? Sonrió burlona ante este pensamiento mientras se llevaba el bolígrafo a la boca y lo mordía mientras escrutaba a Max por encima de la montura de sus gafas.  

Faltaba solo una persona por acudir a la mesa de firmas. Max ni siquiera se había percatado de ello, tan metido como estaba en su papel de firmar ejemplares. La mujer deslizó el libro por la mesa hasta que Max lo cogió. No había levantado la mirada para verla, sino que ya de una manera mecánica lo firmaba y después lo entregaba mirando a los ojos a la persona mientras esbozaba una de sus mejores sonrisas.

-¿A quién va dedicado?

-Para Chloe –respondió la mujer con una voz dulce, aterciopelada, que erizó la piel de Max. Permaneció con su mirada fija en la página, donde estampa su dedicatoria y su firma. El bolígrafo en su otra mano no se movió. Quedó suspendido en el aire sin saber qué dirección debía tomar. Max deslizó el nudo que aprisionaba su garganta y levantó su mirada para encontrase con la de ella. Y entonces las sensaciones experimentadas minutos antes se hicieron realidad. No supo que decirle, ni como reaccionar en un primer momento, sino que pareció que el mundo se había detenido durante unos segundos en los que ambos permanecieron con sus respectivas miradas fijas en el otro. Sandra observaba en silencio la escena desde el rincón al que se había apartado para dejar todo el protagonismo a Max. Y ahora miraba intrigada a la mujer de cabellos morenos rizados, y rostro de trazos finos, y delicados de piel nívea que permanecía de pie frente a la mesa a la que se sentaba Max. ¿Se conocían?, se preguntó con una mezcla de intriga e interés por saberlo. A juzgar por el tiempo que llevaban charlando, así le pareció. ¿Quién era? Sintió una punzada de celos que no supo como explicar en ese preciso instante, y recompuso su gesto desechando cualquier pensamiento absurdo. Desde hacía más de un año estaba viviendo la mejor etapa de su vida en todos los sentidos. Profesional y sentimental. No había motivo para sembrar de dudas esos dos caminos.

-Hola Max.

-Hola Chloe.

-¿Vas a dedicarme el libro o te vas a quedar con el bolígrafo suspendido en alto? –le preguntó haciendo un gesto hacia éste mientras esbozaba una sonrisa que fundiría el acero más resistente.
Max sonrió tímidamente mientras acercaba la punta del mismo al papel. Llevaba prácticamente toda la tarde firmando ejemplares con las más diversas dedicatorias, y de repente, no sabía qué escribirle a ella. Tal vez se le hubiera terminado el repertorio que había preparado para la ocasión; o tal vez no fuera capaz de encontrar una adecuada para ella. Sintió un escalofrío recorriendo su espalda al pensarlo. Al recordar ciertos momentos pero que ahora le parecían lejanos, tanto que el tiempo pareciera haberlos difuminado hasta que sólo era capaz de percibir sombras. Pequeñas pinceladas de algo que en su momento fue el lienzo más hermoso jamás pintado. Garabateó algunas palabras y tras cerrar el libro se lo entregó. Sintió sus dedos rozarse con los de él. Su tacto suave que desencadenó mil y un recuerdos vividos. Aventuras y situaciones que ahora parecían querer volver a aflorar. Chloe lo miró fijamente durante el breve espacio de tiempo en el que él garabateaba su dedicatoria. Lo encontró cambiado, aunque parecía no haber perdido ni un ápice de su atractivo. Es más, creía que incluso éste se había acentuado con el paso del tiempo. En un principio pareció indecisa, nerviosa cuando él le entregó el ejemplar firmado. Quería pedirle algo, pero se sentía aturdida por toda aquella situación. No esperaba que su presencia le produjera ningún tipo de reacción, de sensación. Pero en cambio…

-¿Tienes tiempo para tomar un café? –le preguntó de repente al ver como Max la observaba detenidamente como si en verdad estuviera esperando su invitación.

-Claro. Me hospedo en el hotel por esta noche. Si quieres podemos vernos en la cafetería –le sugirió de manera natural, sin que pudiera expresar su deseo por verla, por estar con ella; o más bien todo lo contrario.

-¿En veinte minutos? –le sugirió mientras cogía el libro de la mesa sin dejar de mirar a Max.

-Veinte minutos serán suficientes para acabar con esto –asintió desconcertado por la situación mientras señalaba la mesa, los ejemplares sobrantes y demás decoración con motivo de la presentación.

Había tenido ese presagio, el de que algo inesperado sucedería ese día. Y así había sido mientras observaba detenidamente a la gente durante la intervención de Sandra. Creyó divisar su rostro entre la multitud, pero se dijo así mismo que aquello era imposible, que era más bien una locura por su parte pensar en que ella pudiera estar presente. ¿Tal vez una mala jugada de su mente, de sus subconsciente? ¿O se trataba del deseo repentino que había sentido por verla? Fuera cual fuera la respuesta a estas preguntas, al final había sido así, y ahora tenía una cita con el pasado.
Se quedó sentado unos instantes mientras fingía hacer tiempo para recoger todo, pero en verdad estaba pensando en Chloe y en como su presencia lo había descolocado por unos momentos. Momentos en los que no había sabido como reaccionar. Pero ¿y ella? Ahora la vería en veinte minutos y entonces si que debería enfrentarse a ella, a sus temores, y al pasado. Un pasado que él creía haber dejado atrás hacía ya mucho tiempo.

Los tacones de los zapatos de Sandra repiqueteaban sobre el suelo mientras se acercaba a él. Lo vio meditabundo, como si no supiera qué hacer. La visita de la última mujer parecía haberle afectado pero no sabía por qué hasta que punto. ¿Se conocían de antes?

-¿Todo bien? –le preguntó con un tono neutro en su voz. No quería preguntarle por la mujer ya que no quería parecer demasiado interesada en su vida privada y pasada.

-Sí, claro –le respondió mientras se levantaba de la silla y devolvía el bolígrafo al bolsillo de su camisa mientras ella lo seguía con su mirada. Una vez en su sitio, la miró durante unos instantes y sonrió.- Admite que soy el que más vende –le dijo tratando de alejar a Chloe y queriendo mostrarse divertido, ajeno a los pensamientos que flotaban en su mente.
Sandra puso los ojos en blanco ante tal comentario. Y lo apartó empujándolo levemente con sus manos.

-No ha estado mal, la verdad. Si llega a durar un poco más hubiéramos tenido que ir a por más ejemplares a las oficinas –le comentó mientras lanzaba una mirada a los ejemplares restantes.- El acto se ha alargado más de lo normal –le dijo mirando el reloj.- Oye, por cierto, dentro de una hora tenemos una recepción a solas con la prensa –le recordó mientras Max cerraba los ojos y sacudía la cabeza.- ¿Te acuerdas, verdad? De la revista Tiempo de Romance. Tu regreso ha sacudido el panorama literario, así que ya sabes…-le dijo advirtiéndole de lo que ello suponía.

-Bien, pero ahora he de ver a alguien –le dijo abriéndose paso hacia el bar del hotel.
Sandra lo sujetó por el brazo deteniéndolo y obligándolo al mismo tiempo a volverse hacia ella. Sus miradas se encontraron por un breve espacio de tiempo. La de ella quería averiguar qué estaba pasando con él; la de él parecía estar vacía.

-Sólo será cuestión de quince minutos. Estaré contigo antes de la entrevista. En la habitación, ¿de acuerdo?

-Cómo se te ocurra llegar tarde….-comentó con un toque de advertencia como si supiera lo que sucedería si él no llegara a tiempo, o ni siquiera se presentara.
Max sonrió de manera cínica.

-¿Quieres que te recuerde otra vez las ventas de esta tarde? –le preguntó provocando en Sandra un malhumor no justificado pues sabía que él tenía razón.- Ah y por cierto, deberíamos renegociar el contrato de mi próxima novela –le dijo mientras le tomaba de la mano, se la volteaba y le dejaba un regalo en forma de beso sobre su muñeca que aceleró su pulso hasta cotas insospechadas, mientras no apartaba la mirada de él.

Sandra abrió la boca para protestar pero entonces él había desaparecido en dirección al bar del hotel dejándola en mitad de una marejada de sensaciones.

-Será… ¿un aumento? ¿Es que no tiene suficiente con lo que gana? En algo más de tres años ha vendido más ejemplares que muchos renombrados escritores y escritoras en su género –se dijo mientras cruzaba sus brazos sobre el pecho y entrecerraba sus ojos. Inspiró profundamente tratando de calmarse y de ver las cosas con naturalidad. Luego esbozó una sonrisa pícara cuando pensó en ello. ¿Acaso se había mostrado galante con aquel beso para buscar un mayor porcentaje en las ventas? Sonrió mientras percibió como la nueva fragancia de él se había quedado impregnada en su mano cuando se la había tomado para besarle en la muñeca. Miró fijamente la puerta por la que se había marchado y decidió prepararlo todo para la entrevista.

La encontró sentada en una mesa del fondo con una taza de café en una mano, mientras con la otra pasaba las páginas de su ejemplar firmado. Durante unos segundos permaneció en el umbral de entrada al reservado donde ella estaba. Sonrió tímidamente al recordar momentos compartidos con ella, pero al instante los arrojó fuera de su mente. No era el momento para los recuerdos. Caminó con paso decidido a su mesa dispuesto a enfrentarse a su pasado, y a lo que éste pudiera representar para él ahora.

Chloe no se percató de su presencia ya que permanecía absorta en la lectura. Max temió por la seguridad de la taza de porcelana, que sujetaba en alto y que pareciera que de un momento a otro fuera a resbalarse de su mano, y caer sobre la moqueta. Levantó la vista del libro al sentir su presencia. Se quedó con su mirada clavada en el rostro de Max y sus labios dibujaron una tímida sonrisa mientras dejaba la taza sobre el plato.

-Parece que te he interrumpido –le dijo señalando la novela mientras tomaba asiento.

-Oh, nada de eso. Sólo la estaba leyendo por encima –le dijo mientras la cerraba y pasaba la mano por la portada.- Me gustó tu dedicatoria, en serio.

- Sabía que lo haría.

-No sabía que hubieras vuelto a escribir –le comentó mirándolo fijamente a los ojos.

-Fue algo que surgió de repente.

Max no quería darle más detalles a este respecto.

-Pues para serlo… te has convertido en uno de los escritores que más vende con tus dos últimas novelas –le dijo entusiasmada con esa idea formando un arco con sus cejas.

-No puedo quejarme, es verdad. La suerte me sonríe.

-Diría que es algo más que suerte. Sabes captar los sentimientos que hay en una historia de amor –le dijo mientras entornaba la mirada hacia la portada de la novela sonriendo tímidamente mientras los recuerdos la golpeaban a ella en esos momentos. Éstos provocaban en su pecho un golpe fuerte y seco.

-No creas todo lo que cuento –le dijo rompiendo el hielo mientras señalaba la novela y le regalaba una sonrisa.

-En ese caso me lo creo –le dijo levantando la mirada para dejarla suspendida en el rostro de Max como si buscara algo, como si necesitara encontrar algo en éste. Un rastro de algo que durante mucho tiempo estuvo ahí, sólo para ella. Pero que ahora parecía haber desparecido.

-¿Cómo te marchan las cosas? –le preguntó mientras cogía taza de café y sorbía un trago.

Chloe sacudió la cabeza, se encogió de hombros.

-Bueno, tal vez esperaba más en su momento, pero, hoy por hoy no puedo quejarme. La verdad. A ti ya sé que te marchan bien las cosas.

-¿Estás de paso en la ciudad?

-No. La filial me ha trasladado a trabajar aquí –le dijo con firmeza mientras no apartaba la mirada de él.

-¿Debería felicitarte entonces?

-Puedes hacerlo si quieres. ¿Y tú? –le preguntó observando cada uno de sus gestos, intentando averiguar qué sentía por ella.

-Como te dije me alojo aquí en el hotel por esta noche solo. He venido a presentar aquí la novela. Ya sabes… una ciudad grande siempre capta más lectores –le explicó sonriendo.- Mañana nos marcharemos.

Max percibió un toque de desilusión en el rostro de Chloe cuando él se lo contó. Pero, ¿qué esperaba? ¿Qué quería? ¿Por qué había pedido verlo después de tres años de ausencia? Tres años en los que no había recibido ni una sola explicación de porqué se marchó. Bueno sí, por una gran oportunidad laboral, eso lo tenía muy claro. Pero nada más.

-¿Qué quieres Chloe? –le preguntó Max de manera directa, como si le hubiera propiciado un fuerte golpe en el estómago provocándole un terrible dolor.- ¿Por qué has pedido verme después de tres largos años?

-Quería pasar a saludarte aprovechando el evento literario –le respondió a la defensiva.

-Bien, pues ya lo has hecho. Tienes tu ejemplar firmado y estás charlando conmigo. ¿Qué más necesitas de mí?

-¿Soy yo o te noto algo sarcástico? –le preguntó empleando un tono defensivo una vez más.

-¿Sarcástico? ¿Te parezco sarcástico? –le preguntó empleando un tono que se acercaba a la frialdad y al asombro por aquella deducción por parte de ella.

-Ya sé que estás dolido por lo que sucedió –comenzó diciendo-y que…

-Estás equivocada Chloe. No estoy dolido porque decidieras marcharte al otro extremo del país en busca de una oportunidad laboral mucho mejor que la que tenías. Me dolió la manera en la que lo hiciste. Te fuiste sin decir adiós.

-No había tiempo para explicaciones –le dijo como si tratara de justificar su acción.
Max abrió los ojos sin comprender exactamente aquel comentario.

-¡¿No tenías ni siquiera un minuto para pararte y preguntarme qué opinaba?! ¡¿Qué me parecía que te marcharas?!

-Di por supuesto que no vendrías conmigo –le rebatió con dureza tratando de explicarse mientras sentía que lo perdió hacía tres años y que ya no había opción de recuperarlo.

-Diste por supuesto –murmuró Max mientras se pasaba la palma de su mano por los cabellos intentando aclarar sus ideas, aunque a decir verdad lo estaban desde hacia tres años.

-¿Vas a decirme que te habrías venido si te lo hubiera pedido? –le preguntó con un pálpito de temor porque pudiera responderle de manera afirmativa.

Max cruzó las manos apoyadas sobre la mesa mientras no apartaba su mirada de ella. Inspiró hondo en un par de ocasiones en las que pareciera no saber qué decirle. Pero todo estaba muy claro entre ellos dos. No quedaba mucho que decirse después de tres años.

-Poco importa ya lo que yo pensara en aquellos días ¿no crees? –le respondió con una media sonrisa mezcla de ironía, mezcla de anhelo.

-Tal vez tengas razón. Ahora ya nada importa. Todo da igual.

Max miró su reloj y recordó la entrevista que tendría con la prensa. Sandra lo mataría si no aparecía por estar flirteando, como ella supondría que estaba haciendo, con una de sus lectoras.

-Tengo que atender a la prensa en veinte minutos –le dijo mirando el reloj.

-Entiendo. Debes seguir trabajando. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

-Todas lo son. No te preocupes estoy acostumbrado –le respondió sonriendo de manera cínica.

-¿Hay alguien en tu vida ahora mismo? –le preguntó de manera directa y que no sabía por qué Max le sorprendió lo más mínimo.

-¿Por qué? ¿Estás pensando en volver a ocupar el lugar que dejaste hace tres años? –le preguntó mirándola con sus ojos entrecerrados.

Chloe no respondió sino que su mirada lo hizo por ella. Max cerró sus ojos, se llevó la mano hacia éstos mientras inclinaba la cabeza hacia detrás. Sabía que su presencia allí se debía a algo más que ha recibir un ejemplar firmado de su novela. Maldita sea, durante tres años no había recibido ni un solo email para preguntar que tal estaba. Ni una llamada. Ni siquiera había asistido a las anteriores presentaciones de sus novelas, pero ¿por qué ahora?

-Siento decirte que no tengo sitio para ti en la novela que ahora estoy escribiendo.

Chloe no encontró las palabras adecuadas para rebatir aquella respuesta, ya que entendía que tres años es mucho tiempo para esperar a alguien. Y que su intento llegaba tarde. Se había dado cuenta que lo echaba de menos, que anhelaba sus largas miradas, sus apasionadas caricias, sus tentadores besos. Pero llegaba tarde.

-Entiendo –fue lo único que pudo decir mientras hacia un intento por buscar dinero para pagar la cuenta.

Max detuvo su mano. Ella buscó su mirada por última vez. Sabía que después de aquel café no volvería a verlo. Sólo sabría de su vida por la prensa, por las ventas de sus libros, pero no lo llamaría, no iría a visitarlo. Max sacudió su cabeza y ella dejó su bolso.

-Al menos deja que te invite. Ya has visto como han marchado las ventas durante la presentación –le dijo sonriendo mientras su rostro irradiaba felicidad por este hecho.

-Verás no quiero entretenerte y yo tengo que hacer algunas compras…

-Si, si no llego a tiempo Sandra me cortará el cuello –le dijo con un gesto divertido.

-¿Tu editora? –le preguntó con un toque de suspicacia. Había creído percibir cierta química entre ambos durante el acto de presentación, pero no le comentaría nada a Max.

-Sí, está contenta con las ventas de mis novelas, pero reconozco que a veces soy un desastre. Oye si necesitas algo puedes telefonearme o enviarme un correo. Yo estaré unos días liado con la promoción, pero en cuando regrese a casa…

-Claro, descuida que tomaré nota. Además podré presumir de tener un amigo escritor –le dijo con un toque melancólico en su voz, y sintiendo que se le formaba un nudo en su garganta.- Me ha gustado verte.

Max no dijo nada más. Se limitó a asentir y a ver como ella abandonaba el reservado con su novela en la mano. Cuando la vio desaparecer respiró hondo y expulsó todo el aire. Cerró los ojos y se sintió aliviado. Subiría a la habitación donde Sandra aguardaría para la entrevista.

Entró en la habitación y lo primero que percibió fue una especie de halo de magia flotando en el ambiente, y el cual se acrecentó al escuchar la voz de Sandra hablando por el móvil. Caminó hasta donde estaba ella con una sonrisa especial en su rostro para encontrarla en la terraza. Se quedó ensimismado contemplándola. Su imagen de ejecutiva dura e implacable, pero dulcificada con esa imagen aniñada que le otorgaban sus gafas. ¿Qué sentía por ella? ¿Qué había en ella que le provocara esa extraña sensación cuando la veía? Sandra lo miró y levantando un dedo en alto  pidiéndole un minuto. Max sonrió mientras se apoyaba en el marco de la puerta de la terraza y cruzaba los brazos adoptando una pose muy masculina, mientras su mirada no podía apartarse de ella ni un solo instante. Cuando Sandra colgó el teléfono y se volvió hacia él se quedó mirándolo como si no comprendiera a qué venía aquella mirada suya, aquella sonrisa.

-¿Se puede saber qué te sucede? ¿A qué vienen esa mirada y esa sonrisa? –le preguntó extendiendo sus brazos con las palmas de sus manos abiertas hacia arriba.

Max se acercó con paso lento hasta ella mientras Sandra reculaba hasta sentir el borde de la terraza en su espalda. Luego los brazos de Max se situaron a ambos lados de ella impidiéndola moverse mientras sonreía burlón.

-Pero, ¿qué te pasa? ¿Te has vuelto loco? –le preguntó mirándolo sin comprender porqué estaba haciendo aquello.

-Acabo de cerrar un libro que tenía pendiente desde hace tiempo –le dijo sonriendo y provocando en ella el enfado.- Y es que pensé que nunca podría hacerlo.

-¿Cómo qué…? ¿Has firmado tu nueva novela con otra editorial? –le preguntó escandalizada porque pudiera haberlo hecho.- ¿Lo has hecho por la cuestión del porcentaje verdad? Eres un…  ¿Qué haces? –le preguntó mientras él le quitaba las gafas y tras guardarlas en el bolsillo de su camisa se quedó mirándola fijamente.

-¿Alguna vez te he dicho lo preciosa que te pones cuando finges enfadarte conmigo? –le preguntó burlón, sabiendo que decía la verdad.

-¿Cómo que finjo cuando me enfado? ¿Y por qué me has quitado las gafas? –le preguntó entrecerrando sus ojos.

-Sí, en realidad no estás enfadada. Al igual que antes de empezar la presentación de la novela. ¿Qué me dijiste de si había pasado la noche de juerga? ¿Y acerca de mis últimas correrías? –le preguntó mientras entonaba su mirada como si no la creyera y los recuerdos de ellos dos solos entregados a una noche de pasión inundaban su mente. Sandra sintió el calor de su cuerpo ascender hasta teñir su rostro al rememorar también la pasada noche. Abrió la boca para decir algo, pero Max deslizó su mano bajo el mentón de ella, mientras parecía no hacerle caso.- Y si te he quitado las gafas es porque sabes que no te gusta que te bese con ellas puestas. Siempre protestas porque te empaño los cristales –le aclaró mientras se inclinaba para rozar sus labios, y ella permanecía expectante.

La besó con delicadeza sintiendo la suavidad de aquellos labios rojos tan seductores, tan provocativos y tentadores como una jugosa granada. Tan suaves como pétalos de rosas. Sandra elevó sus brazos hasta dejarlos alrededor del cuello de Max mientras éste la besaba con un sentimiento desconocido por ella hasta ahora.

-¿Qué hay de esa novela que has cerrado? –le preguntó arqueando con intención su ceja derecha.

-Un viejo libro del pasado.

-¿La joven con la que te has tomado un café? –le preguntó con suspicacia.

-No se te escapa una ¿eh? –le dijo sonriendo mientras fruncía el ceño.

-Tengo que velar por mi inversión. No quiero que me lo arrebaten.

- Entonces, ¿qué hay del aumento del porcentaje? –le susurró mientras su aliento se esparcía sobre los labios de ella como una fina capa de rocío.

Sandra hizo un mohín con sus labios mientras fingía pensar en ello.

-Podremos sentarnos a negociar, pero te advierto que soy una dura negociante. Y tú deberás esforzarte un poco más –le dijo con un toque no exento de picardía y provocación.

-Lo sé. Tal vez pueda hacer algo para que te ablandes –le dijo mientras sus manos comenzaban a bajar por su falda pero en ese instante una sucesión de golpes en la puerta de la habitación lo obligó a desistir de sus propósitos.

-Tendrá que ser más tarde. Es la hora de tu entrevista –le dijo esbozando una pequeña sonrisa de triunfo.

-No importa siempre y cuando me esperes con los brazos abiertos –le dijo recordando sus palabras aquella tarde momentos antes de la presentación de la novela. Es cierto que la marcha de Chloe lo había tenido un tiempo apartado de la escritura, pero después llegó ella y… todo volvió a fluir como la espuma. Pero estaba seguro que por mucho tiempo que tardar en entregarle un nuevo manuscrito, ella lo esperaría, pensó mientras recomponía su aspecto y sonreía de manera diabólica.
Vio como volvía a ponerse las gafas y como le lanzaba una última mirada por encima de éstas bastante reveladora y significativa. ¿Cómo surgió la chispa entre ellos? Nadie sabría responder ni siquiera ellos. ¿Qué les mantenía juntos? Tal vez el hecho de que ella fuera todo lo que él había estado buscando en una mujer. Determinación para afrontar la realidad. ¿Y ella? Quizás el carácter despreocupado de él, que lo convertía en un complemento perfecto al suyo. De lo que no le cabía duda a Max, era de que juntos escribirían la mejor novela jamás publicada.

Sonrió mientras recibía a la periodista y luego dedicaba una mirada cargada de complicidad a ella, pero siempre dentro de un estricto sentido de profesionalidad. Habían acordado que nadie tenía porqué saber lo que había entre ellos. 

2 comentarios:

  1. Genial!! y suerte con la nueva novela!! ;)

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    1. Gracias, aunque no actualice mi blog os sigo a tod@s. Pasaré lista a ver quien tiene el suyo al día.

      :)

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